Francia se prepara para endurecer su respuesta frente a una de las amenazas más preocupantes para el ecosistema cripto local: los secuestros y ataques de “wrench”, una modalidad de extorsión física en la que los agresores fuerzan a sus víctimas a transferir activos digitales bajo amenaza o violencia.
Durante la Paris Blockchain Week, Jean-Didier Berger, ministro delegado ante el ministro del Interior de Francia, afirmó que las autoridades ya han puesto en marcha medidas preventivas y trabajan en nuevos pasos para reforzar la protección de los poseedores de criptomonedas. Sus declaraciones llegan en un momento de creciente presión sobre el gobierno, luego de varios casos recientes que han elevado la alarma pública.
De acuerdo con el reporte original de Cointelegraph, Berger señaló que su oficina ya activó una plataforma de prevención contra los ataques de “wrench”, iniciativa que, según dijo, ha atraído miles de registros. El funcionario añadió que trabaja junto con el ministro del Interior, Laurent Nuñez, en lo que describió como un plan más serio para las próximas semanas.
El anuncio se produce pocos días después de otro secuestro relacionado con criptomonedas reportado esta semana en Francia. En ese caso, una madre y su hijo de 11 años fueron presuntamente secuestrados el lunes en Borgoña por cuatro sospechosos, quienes exigieron un rescate de EUR € 400.000 al padre del menor, un empresario del sector cripto.
Según France24, citando a la fiscalía de París, las autoridades capturaron a los sospechosos y lograron liberar a las víctimas el martes por la mañana. El caso volvió a poner en primer plano un problema que ya no parece aislado, sino parte de una tendencia más amplia que afecta a empresarios, inversores y familias vinculadas con activos digitales.
Para lectores menos familiarizados con el término, un ataque de “wrench” se diferencia de un hackeo tradicional porque no depende de vulnerar software o plataformas. En su lugar, los delincuentes recurren a la coerción física directa para obligar a una persona a entregar claves, aprobar transacciones o revelar el acceso a billeteras digitales.
Ese elemento hace que el fenómeno resulte especialmente inquietante para la industria. A diferencia de otras formas de ciberdelito, estas agresiones trasladan el riesgo desde el plano digital al mundo físico, lo que complica la prevención y aumenta el impacto sobre víctimas y entorno familiar.
Francia concentra una parte importante de los casos
La magnitud del problema en Francia empieza a reflejarse en los datos. RTL informó el miércoles que, desde el comienzo del año, se han reportado 41 secuestros relacionados con criptomonedas en el país. Eso equivale, en promedio, a un ataque de este tipo cada 2,5 días en 2026.
La cifra ha intensificado el debate sobre seguridad en uno de los mercados europeos más activos para blockchain y activos digitales. Francia ha buscado proyectarse como un centro relevante para la innovación cripto, pero el aumento de delitos violentos amenaza con ensombrecer ese posicionamiento.
El problema no se limita a 2026. La firma de ciberseguridad CertiK indicó que los ataques de “wrench” aumentaron 75% en 2025, hasta llegar a 72 casos verificados en todo el mundo. Dentro de ese total, Francia registró 19 incidentes confirmados, la mayor cantidad entre todos los países.
La misma estadística muestra además que Europa concentró aproximadamente 40% de los incidentes globales durante 2025. Ese dato sugiere que la región enfrenta una combinación de factores que la vuelve especialmente vulnerable, desde una mayor adopción de criptoactivos hasta la exposición pública de algunos empresarios del sector.
En términos políticos, estas cifras elevan la presión sobre el gobierno francés para pasar de medidas puntuales a una estrategia de mayor alcance. Berger pareció reconocer esa urgencia al hablar de un plan más serio en preparación junto con el Ministerio del Interior.
Casos recientes alimentan la alarma pública
El secuestro ocurrido en Borgoña no ha sido el único incidente reciente que involucra a víctimas relacionadas con criptomonedas. En marzo, una pareja francesa de finales de sus 50 años fue despojada de BTC por un valor de USD $ 1.000.000 por delincuentes que se hicieron pasar por agentes de policía.
Ese episodio mostró otra dimensión del problema: la capacidad de los criminales para combinar ingeniería social, suplantación de identidad y violencia o intimidación. En estos casos, la exposición patrimonial de las víctimas se convierte en un incentivo claro para bandas organizadas.
Un mes antes, en febrero, la policía francesa arrestó a seis personas por el secuestro de una magistrada y su madre. El ataque, también vinculado con una exigencia de rescate relacionada con criptomonedas, estaba dirigido a la pareja de la magistrada, identificado como un empresario del sector cripto.
La sucesión de hechos en pocos meses ha ampliado la preocupación más allá de los propios usuarios de activos digitales. Ahora también preocupa la posibilidad de que familiares, parejas o allegados se conviertan en objetivos indirectos cuando los delincuentes intentan presionar a una persona con acceso a grandes sumas en criptoactivos.
Ese patrón cambia la conversación sobre seguridad. Ya no se trata solo de proteger contraseñas, frases semilla o dispositivos, sino también de gestionar riesgos personales, discreción patrimonial y protocolos de respuesta ante posibles amenazas físicas.
Un desafío para la industria y para el Estado
El auge de estos delitos llega en un momento en que la adopción de criptomonedas sigue avanzando entre emprendedores, firmas tecnológicas e inversores particulares. Sin embargo, la misma naturaleza de estos activos, que pueden moverse con rapidez y en ocasiones sin intermediarios, también los vuelve atractivos para extorsionadores.
Para las autoridades, el desafío es doble. Por un lado, deben proteger a ciudadanos y empresarios frente a delitos violentos. Por otro, necesitan evitar que Francia gane reputación como epicentro europeo de secuestros ligados a criptomonedas, algo que podría afectar la confianza en su ecosistema de innovación financiera.
Las declaraciones de Berger apuntan a que el gobierno busca demostrar capacidad de reacción antes de que la crisis escale aún más. No obstante, por ahora no se detallaron públicamente las medidas concretas que integrarán ese plan más serio anunciado para las próximas semanas.
Mientras tanto, los casos acumulados en 2025 y 2026 dejan una señal clara para el mercado: el crecimiento del sector cripto no solo trae retos regulatorios o tecnológicos, también plantea riesgos de seguridad personal que exigen respuestas institucionales y hábitos de protección mucho más robustos.
En ese contexto, Francia aparece hoy como uno de los principales laboratorios de una tensión más amplia que podría replicarse en otros países con alta adopción de criptoactivos. Si el fenómeno sigue expandiéndose, la seguridad física de los usuarios podría convertirse en uno de los temas centrales del debate global sobre criptomonedas.
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