- Peter Schiff sostiene que el retroceso del oro abre una oportunidad de compra, mientras que el de Bitcoin refleja una burbuja que se desinfla.
- El economista argumenta que ambos activos pueden caer a la vez, pero por dinámicas de mercado distintas.
- El debate llega tras una fuerte volatilidad: Bitcoin llegó a perder la referencia de 60.000 dólares y el oro sufrió en marzo una caída superior al 13 %.
Dos caídas, dos lecturas
Peter Schiff ha vuelto a separar de forma tajante el oro y Bitcoin (CRYPTO:BTC). En una publicación en X, el economista defendió que la caída del metal precioso debe interpretarse como una oportunidad de compra, mientras que el retroceso de la criptomoneda responde a una burbuja que se está desinflando.
Bitcoin didn’t rise with gold, but it sure is falling with it. Many expected a gold selloff to be a catalyst to send money back into Bitcoin. While the drops are similar, the dynamics are different. Gold’s selloff is a buying opportunity. Bitcoin’s selloff is a bubble deflating.
— Peter Schiff (@PeterSchiff) June 24, 2026
Su argumento parte de una idea sencilla: que dos activos bajen al mismo tiempo no significa que el mercado los esté castigando por los mismos motivos. Schiff señaló que Bitcoin no acompañó al oro en sus subidas anteriores, pero sí ha cedido cuando el metal ha corregido, algo que contradice la tesis de que una caída del oro enviaría capital de vuelta hacia la criptomoneda.
La frase resume bien su postura: los descensos pueden parecer similares, pero la lectura que hace de cada activo es opuesta. En el oro ve un activo refugio castigado; en Bitcoin, un activo especulativo perdiendo aire.
Bitcoin pierde una referencia clave
La tesis de Schiff llega en un momento delicado para Bitcoin. La criptomoneda llegó a caer por debajo de 60.000 dólares por primera vez en 20 meses, en medio de una corrección intensa del mercado cripto.
La presión también se mide frente a su máximo histórico. Bitcoin llegó a situarse más de un 52 % por debajo del récord de 126.198 dólares registrado en octubre del año anterior. Ese dato refuerza la lectura bajista de quienes ven una pérdida de confianza en el activo tras un ciclo de fuerte revalorización.
Aun así, la comparación no es tan simple como plantea Schiff. Aunque Bitcoin ha quedado por detrás del oro en algunos tramos recientes, sus avances acumulados en horizontes más largos siguen siendo uno de los principales argumentos de sus defensores.
El oro tampoco ha sido un refugio perfecto
La posición de Schiff también tiene un punto vulnerable: el oro no ha actuado como refugio impecable en todas las fases de tensión. Tras una fuerte subida en 2025, el metal amarillo sufrió una volatilidad severa en el primer trimestre, incluida una caída de más del 13 % en marzo, la mayor desde la crisis financiera de 2008.
Además, el oro llegó a ceder un 24 % desde el inicio del conflicto bélico en Irán, una evolución que resulta incómoda para quienes lo presentan como refugio automático en periodos de tensión geopolítica.
Citigroup también introdujo cautela en el debate al proyectar a comienzos de junio que el metal podía caer otro 20 % hasta septiembre. Se trata de una previsión, no de una certeza, pero subraya que incluso los activos refugio pueden atravesar correcciones profundas cuando cambian las expectativas sobre tipos, dólar, inflación o liquidez.
Gold could slump another 20% by September, says Citi — here’s why https://t.co/deAsjznnPI
— CNBC (@CNBC) June 9, 2026
El choque de fondo para los inversores
Schiff ha construido buena parte de su discurso público sobre la defensa del oro y la crítica a Bitcoin. Esa trayectoria ayuda a entender la fuerza de su mensaje, pero también obliga a leerlo como una tesis de mercado, no como una conclusión neutral.
Para los inversores, la pregunta relevante no es solo qué activo cae más, sino qué explica la caída. En el oro, el debate gira en torno a si el retroceso ofrece una entrada a mejor precio o si anticipa menor demanda defensiva. En Bitcoin, la cuestión es si la corrección responde a una limpieza de excesos o a un deterioro más estructural de la confianza.
La diferencia importa porque oro y Bitcoin compiten, en parte, por una misma etiqueta: reserva de valor. Pero no tienen la misma historia, los mismos flujos ni el mismo perfil de riesgo. El primero se apoya en siglos de aceptación como activo monetario; el segundo depende mucho más de adopción tecnológica, liquidez cripto y confianza en su escasez programada.
La tesis de Schiff vuelve a poner esa división sobre la mesa. El oro puede estar corrigiendo dentro de una función defensiva. Bitcoin, según él, estaría mostrando los síntomas de una burbuja en retirada. El mercado tendrá que decidir si esa distinción sigue vigente o si la volatilidad reciente ha castigado demasiado a ambos lados del debate.