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Hoskinson alerta que Bitcoin enfrenta una crisis por riesgo cuántico y BIP 361

source-logo  diariobitcoin.com 16 Abril 2026 10:48, UTC
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Charles Hoskinson, fundador de Cardano y una de las figuras más conocidas de la industria cripto, lanzó una dura crítica contra el ecosistema Bitcoin al abordar las implicaciones de BIP 361: Welcome to ShitcoinLand, Bitcoin. En su intervención, sostuvo que la propuesta deja al descubierto un problema estructural de la red: cómo responder a la amenaza de la computación cuántica sin romper algunos de los principios que durante años defendió la comunidad maximalista.

El planteamiento de fondo gira en torno a un riesgo conocido desde hace tiempo. Si en la próxima década emergen computadoras cuánticas con suficiente capacidad, ciertos esquemas criptográficos usados por Bitcoin podrían quedar comprometidos. En particular, Hoskinson subrayó que esto afectaría a fondos cuyas claves públicas ya fueron expuestas en cadena, algo que ocurre por reutilización de direcciones y por formatos antiguos de transacción.

Según explicó, BIP 361 reconoce que, al 1 de marzo de 2026, más de 34% de todos los Bitcoin había revelado su clave pública en la blockchain. A su juicio, eso equivale a cerca de $BTC 8.000.000 potencialmente vulnerables frente a un atacante con capacidad cuántica suficiente. Para Hoskinson, esa cifra convierte el tema en un problema sistémico y no en una discusión meramente teórica.

Su tesis central es que la red no puede limitarse a añadir nuevas firmas poscuánticas y declarar resuelto el problema. En su visión, eso solo protegería a quienes migren a nuevos formatos, pero no resolvería qué ocurrirá con las monedas atrapadas en esquemas antiguos. Por eso acusó a varios referentes de Bitcoin de minimizar un dilema que, a su entender, obligará tarde o temprano a tomar decisiones mucho más drásticas.

La crítica a BIP 361 y la disputa sobre si sería un hard fork

Hoskinson atacó uno de los puntos más sensibles de la propuesta: la caracterización de BIP 361 como un soft fork. Según sostuvo, congelar o volver no gastables ciertos fondos vulnerables no podría implementarse de forma honesta bajo esa etiqueta. Para él, una medida que impida gastar monedas usando el sistema heredado constituye en la práctica un hard fork, por más que sus promotores intenten presentarlo de otra manera.

En ese contexto, describió un escenario en el que Bitcoin se vea forzado a migrar hacia direcciones poscuánticas, mientras las monedas alojadas en estructuras antiguas queden bloqueadas o sujetas a mecanismos especiales de recuperación. Hoskinson afirmó que esa solución supone una forma de confiscación para quienes no puedan demostrar propiedad bajo los nuevos criterios técnicos, especialmente si sus fondos provienen de etapas tempranas del protocolo.

La acusación más fuerte fue que el sistema de recuperación sugerido no serviría para todos los casos. El empresario señaló que una parte importante de los $BTC más antiguos no fue generada bajo los estándares modernos de semillas y derivación jerárquica, como BIP 39 y BIP 32. Por esa razón, argumentó que no sería posible construir pruebas de conocimiento cero útiles para recuperar ciertos fondos históricos.

Hoskinson puso una cifra concreta sobre la mesa: cerca de $BTC 1.700.000 no podrían recuperarse mediante ese enfoque. Dentro de ese grupo incluyó aproximadamente $BTC 1.100.000 atribuidos a Satoshi Nakamoto. En su lectura, eso implica que una eventual transición poscuántica podría volver irrecuperable una porción muy relevante del suministro, incluso si el objetivo declarado fuera proteger la red.

El trasfondo técnico del problema cuántico en Bitcoin

Para lectores menos familiarizados con el tema, el argumento se basa en cómo Bitcoin protege la propiedad de los fondos. En los esquemas más comunes, las monedas pueden mantenerse relativamente seguras mientras la clave pública no se expone. Sin embargo, una vez esa clave aparece en cadena, una computadora cuántica suficientemente avanzada podría, en teoría, derivar la clave privada y firmar transacciones no autorizadas.

Hoskinson recordó que la criptografía no es estática. En otros ámbitos tecnológicos, los estándares inseguros se sustituyen por otros más robustos con el paso del tiempo. Mencionó el tránsito histórico desde DES hacia AES como ejemplo de una migración normal en seguridad informática. Su crítica es que Bitcoin, al convertirse en una especie de doctrina inmutable para parte de su comunidad, dificultó durante años aceptar esa lógica de actualización.

En su explicación técnica, contrastó el esquema moderno de semillas BIP 39, el uso de PBKDF2 para generar bytes semilla y la derivación de claves vía BIP 32, con métodos más antiguos que se usaban antes de 2013. Según dijo, los primeros años de Bitcoin dependían de un manejo distinto de llaves, asociado al antiguo key pool del software original. Eso complica, a su juicio, cualquier mecanismo generalizado de recuperación compatible con toda la historia de la red.

También advirtió que el problema no se limita a las monedas de usuarios activos. Existen $BTC perdidos o inactivos desde hace años cuyos propietarios no podrán migrar jamás a un formato poscuántico. Si un atacante cuántico pudiera tomar control de esas monedas, el mercado enfrentaría no solo una pérdida de confianza sino la posibilidad de ventas masivas de suministro que hoy se asume inmovilizado o desaparecido.

Gobernanza, maximalismo y choque ideológico con el mundo altcoin

Más allá de la cuestión técnica, la intervención fue una impugnación política al modelo de gobernanza de Bitcoin. Hoskinson afirmó que redes como Cardano, Polkadot o Tezos ya cuentan con mecanismos de gobernanza onchain que les permitirían debatir y aprobar respuestas coordinadas frente a desafíos de seguridad. En contraste, retrató a Bitcoin como un ecosistema sin herramientas formales para resolver disputas de este tamaño.

Su discurso insistió en que el problema actual sería consecuencia de haber rechazado durante años cualquier cambio profundo al protocolo. Afirmó que voces a favor de la evolución tecnológica fueron apartadas, mientras se consolidó una cultura que equiparó modificación con herejía. Desde esa óptica, BIP 361 no sería una anomalía, sino la evidencia de que incluso Bitcoin debe cambiar cuando la realidad técnica lo exige.

Hoskinson fue todavía más lejos al sugerir que los grandes actores institucionales terminarán imponiendo una salida si el riesgo cuántico se vuelve apremiante. Mencionó a BlackRock, a MicroStrategy y al propio gobierno de Estados Unidos como tenedores o actores con intereses económicos crecientes en el ecosistema. Su argumento es que esos participantes difícilmente aceptarán pasivamente un escenario donde una fracción sustancial del suministro pueda ser robada y liquidada en el mercado.

Con ello buscó subrayar una tensión que viene creciendo en Bitcoin desde hace años: la convivencia entre la narrativa de descentralización absoluta y la influencia real de custodios, emisores de ETF, grandes mineros y corporaciones. Para Hoskinson, si llega el momento de una decisión extrema, esos centros de poder presionarán por un hard fork aunque parte de la comunidad lo rechace.

Las cifras del debate y el impacto potencial sobre el mercado

Uno de los puntos más llamativos de su exposición fue la dimensión económica del problema. Si más de 34% del suministro ha expuesto claves públicas, la red podría enfrentar un riesgo sobre millones de $BTC. Hoskinson habló de $BTC 8.000.000 como una estimación derivada de ese porcentaje, aunque reconoció que no todo ese monto necesariamente sería atacado al mismo tiempo.

También sostuvo que, incluso en un escenario más conservador, el impacto podría equivaler a entre 8% y 10% del suministro siendo robado durante la década de 2030. A su juicio, esa sola posibilidad ya amerita una discusión mucho más franca dentro de Bitcoin. El temor no sería únicamente la pérdida patrimonial directa, sino el daño reputacional para toda la industria de criptomonedas si el principal activo del sector resulta incapaz de proteger una parte importante de su base monetaria.

En su lectura, dejar el asunto para después no elimina el problema. Solo traslada la presión hacia el momento en que la amenaza ya sea inminente. Ahí, dijo, la comunidad podría encontrarse sin consenso, sin mecanismo de decisión claro y con actores externos empujando una solución de emergencia. Para sus críticos, este razonamiento puede parecer interesado dada su posición como líder de un proyecto competidor; aun así, el tema técnico que plantea no es nuevo y sigue ganando visibilidad en la industria.

La intervención de Hoskinson no presenta una solución definitiva para Bitcoin, pero sí resume una discusión que probablemente crecerá en relevancia a medida que avancen la computación cuántica y la investigación en criptografía poscuántica. El punto más incómodo para la comunidad es que la red podría verse obligada a escoger entre dos costos: modificar reglas históricas o aceptar que una porción del suministro quede expuesta, congelada o potencialmente perdida.

Por ahora, la controversia en torno a BIP 361 deja dos conclusiones abiertas. La primera es que el debate sobre seguridad poscuántica en Bitcoin ya dejó de ser marginal. La segunda es que cualquier respuesta técnica terminará chocando con asuntos mucho más profundos, como la gobernanza, la narrativa de inmutabilidad y el peso que hoy tienen los grandes intereses económicos dentro del ecosistema.

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