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¿Por qué un token de IA no tiene nada que ver con uno de Blockchain?

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La palabra token se ha convertido en una de las más utilizadas de la economía digital contemporánea. Aparece constantemente en conversaciones sobre blockchain, inteligencia artificial, ciberseguridad y sistemas de pago, pero pocas veces nos detenemos a pensar que detrás de ese término se esconden tecnologías, objetivos y realidades completamente diferentes.

Token de IA y de Blockchain

Cuando Google anunció recientemente que sus sistemas procesan más de 3,2 billones de tokens al mes, muchos lectores vinculados al ecosistema cripto pudieron pensar que se trataba de algún tipo de activo digital similar a los que circulan por las blockchains. Sin embargo, los tokens de la inteligencia artificial no tienen nada que ver con los tokens blockchain. Comparten el nombre, pero representan fenómenos distintos. De hecho, la historia de la digitalización de las últimas décadas puede contarse como una sucesión de distintas formas de tokenización: primero tokenizamos los datos, después tokenizamos el valor y ahora estamos tokenizando las palabras.

En los últimos 12 meses, más de 375 clientes de Google Cloud procesaron, cada uno, más de un billón de tokens, lo que representa una extraordinaria demanda de la IA en todo tipo de sectores

Mucho antes de que aparecieran Bitcoin o ChatGPT, los tokens ya desempeñaban un papel fundamental en la infraestructura digital global. En el ámbito de la ciberseguridad y los pagos electrónicos, la tokenización surgió como una solución para proteger información sensible. Cuando un usuario realiza una compra con tarjeta de crédito, los sistemas modernos evitan almacenar directamente el número real de la tarjeta y lo sustituyen por una secuencia alternativa de caracteres conocida como token. Este token actúa como representante de la información original sin revelar el dato auténtico.

Los tokens de Visa, Mastercard o Apple

Empresas como Visa, Mastercard o Apple llevan años utilizando esta tecnología para reducir riesgos de fraude y proteger millones de transacciones diarias. En este contexto, un token no tenía valor económico propio ni podía intercambiarse en un mercado. Su función es representar un dato sin exponerlo. La tokenización era, fundamentalmente, una herramienta de seguridad.

Un hombre crea un museo donde usar 1.700 sistemas operativos de los últimos 70 años

La llegada de Bitcoin transformó radicalmente el significado de la palabra. Cuando Satoshi Nakamoto diseñó una red capaz de transferir valor digital sin intermediarios, abrió la puerta a una nueva concepción de los tokens. A diferencia de los sistemas tradicionales de pago, donde el token representaba información, en blockchain comenzó a representar activos.

Bitcoin demostró que era posible crear dinero digital escaso, resistente a la censura y verificable por una red distribuida de participantes. Posteriormente, Ethereum amplió esa idea al permitir que prácticamente cualquier activo pudiera representarse mediante un token. Desde stablecoins respaldadas por dólares hasta participaciones empresariales, derechos de gobernanza, puntos de fidelización, inmuebles o coleccionables digitales, la blockchain convirtió la tokenización en un mecanismo para representar valor económico. Por primera vez, un token podía ser poseído, transferido, intercambiado y almacenado como un activo con valor de mercado propio.

Los ordenadores no entienden palabras

Mientras blockchain avanzaba hacia la tokenización de activos y derechos económicos, la inteligencia artificial siguió un camino completamente distinto. Los grandes modelos de lenguaje desarrollados por OpenAI, Google, Anthropic o xAI se enfrentaban a un problema diferente: cómo permitir que una máquina procesara el lenguaje humano. Los ordenadores no entienden palabras, significados o contextos del mismo modo que lo hacen las personas.

Para poder trabajar con textos, necesitan convertir el lenguaje en unidades matemáticas que puedan manipular. Ahí aparecen los tokens de IA. Cuando escribimos una pregunta en ChatGPT o Gemini, el sistema descompone nuestras frases en pequeñas unidades que pueden corresponder a palabras completas, fragmentos de palabras, signos de puntuación o secuencias de caracteres. El modelo no trabaja directamente con frases, sino con estas piezas elementales de información. Cada token representa una pequeña porción del lenguaje que puede ser procesada estadísticamente por la máquina.

La importancia económica de estos tokens ha crecido de forma extraordinaria porque se han convertido en la unidad básica de consumo de la inteligencia artificial. Si durante años medimos Internet en páginas vistas, clics o gigabytes transferidos, la nueva economía de la IA empieza a medirse en millones y billones de tokens procesados.

Dos revoluciones tecnológicas que utilizan las mismas palabras

Cada consulta realizada a un modelo, cada documento analizado, cada línea de código generada y cada agente autónomo desplegado consume tokens. Cuando Sundar Pichai afirma que Google procesa billones de tokens al mes, lo que realmente está diciendo es que las máquinas de Google están procesando cantidades astronómicas de lenguaje humano. Las palabras se han convertido en una materia prima industrial.

Aquí es donde aparece la gran diferencia conceptual entre blockchain y la inteligencia artificial. Los tokens blockchain representan valor. Los tokens de IA representan lenguaje. Los primeros pueden almacenarse en una cartera digital, transferirse entre usuarios y negociarse en mercados globales. Los segundos no pueden poseerse ni intercambiarse. Son simplemente unidades de información utilizadas para medir la actividad cognitiva de una máquina. Un bitcoin puede apreciarse o depreciarse, mientras que un token de IA únicamente refleja una cantidad de texto procesado. Ambos pertenecen a economías digitales emergentes, pero cumplen funciones radicalmente distintas.

Resulta fascinante observar cómo dos de las revoluciones tecnológicas más importantes del siglo XXI han terminado utilizando la misma palabra para describir fenómenos tan diferentes. Blockchain nació para organizar el valor y resolver el problema de la escasez digital. La inteligencia artificial ha surgido para organizar el conocimiento y procesar cantidades masivas de lenguaje. Una tokeniza activos. La otra tokeniza palabras. Una construye la infraestructura del dinero digital. La otra está construyendo la infraestructura del conocimiento digital.

Quizá por eso la evolución de la tecnología durante las últimas décadas pueda resumirse en la idea de que primero tokenizamos los datos para poder protegerlos, después tokenizamos el valor para intercambiarlo y ahora estamos tokenizando el lenguaje para que las máquinas puedan comprenderlo.

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