Pocos placeres genuinamente puros nos ha dado la era digital, pero uno de los indiscutibles ha sido ver ese choque de trenes a cámara lenta (bueno, no muy lenta) que fue la caída en desgracia de los NFTs. Primero, criptobros de alcance internacional nos intentaban convencer de que pagar millones por un jpg certificado era una inversión segura. Apenas unos meses después, esas imágenes valían apenas unos dólares. La caída ha sido tan estrepitosa que ahora, muchos de esos mismos inversores se ríen de su propia desgracia financiera. Es el certificado de defunción definitivo de los NFTs.
Qué pasó entonces. El fenómeno $NFT comenzó con experimentos tempranos ya en 2012 con las llamadas Colored Coins, pero el verdadero auge arrancó en 2017 con CryptoKitties en Ethereum, que mostró el potencial de los $NFT: básicamente, son activos digitales únicos que "representan" la propiedad de un objeto digital o físico, certificado mediante tecnología blockchain para garantizar su autenticidad y singularidad. A diferencia de las criptomonedas, que son intercambiables entre sí, cada $NFT es irrepetible y no puede ser sustituido por otro igual, funcionando como un certificado digital de propiedad y autenticidad.
En 2021, los $NFT alcanzaron su pico de popularidad con ventas multimillonarias como la obra de Beeple "Everydays: The First 5000 Days" en Christie's por 69 millones de dólares, y colecciones icónicas como Bored Ape Yacht Club generaron gran atención y valoraciones millonarias. Sin embargo, tras un boom espectacular, el mercado empezó a decaer en 2022 debido a la sobreoferta, la especulación extrema y las preocupaciones sobre estafas, resultando en una caída abrupta en ventas.
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