Las tarjetas cripto dejaron de ser una curiosidad. El gasto mensual con estas tarjetas alcanzó un récord de 759 millones de dólares en julio, más del doble de los 306 millones de un año atrás, según datos de Paymentscan difundidos por a16z crypto, el brazo de activos digitales de la firma de capital de riesgo Andreessen Horowitz.
La comparación de fondo es aún más elocuente: cuando el seguimiento comenzó, en octubre de 2023, el gasto no llegaba al millón de dólares al mes.
El salto no es solo de volumen, sino de hábito. En julio se realizaron cerca de 9 millones de compras con tarjetas cripto -frente a 5,2 millones un año antes-, con un ticket promedio de unos 86 dólares. No son grandes transferencias de inversores: son compras cotidianas, del tamaño de una cena o una carga de supermercado.
🔥 HUGE: Crypto cards monthly spend just hit a new ATH of $759M.
— Cointelegraph (@Cointelegraph) August 8, 2026
More than doubling in a year. pic.twitter.com/rAnjz9yzm3
Cómo funcionan y por qué crecen
El mecanismo es lo que las volvió masivas: para el comercio, una tarjeta cripto es indistinguible de una Visa o Mastercard común. El cliente paga, y sus stablecoins se convierten a moneda local en el momento de la compra, viajando por las mismas redes de siempre. El comerciante cobra en euros o dólares sin enterarse de que del otro lado había cripto.
La ventaja para el usuario es el acceso. Según a16z, quien tiene una de estas tarjetas no necesita una cuenta bancaria tradicional: puede depositar stablecoins con el emisor o gastarlas directamente desde su propia billetera autocustodiada. Para millones de personas sin acceso pleno al sistema financiero -o que buscan tener dólares digitales sin un banco de por medio-, es una puerta de entrada concreta.
El mercado ya tiene sus líderes. RedotPay domina el volumen desde hace tiempo, mientras que programas como EtherFi, KAST y Karta ganaron terreno con fuerza desde fines de 2025.
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El dato de fondo: son dólares digitales
Detrás del crecimiento hay un cambio revelador que el gráfico no muestra. En sus inicios, a principios de 2024, este gasto se hacía casi por completo en stablecoins respaldadas por euros -el EURe representaba el 88% del volumen-. Hoy esa proporción se desplomó a apenas el 2%.
El relevo lo tomaron los dólares digitales. Actualmente, la stablecoin USDC concentra alrededor del 58% del gasto con tarjetas cripto y USDT otro 26%: en conjunto, más de ocho de cada diez dólares gastados con estas tarjetas son, literalmente, dólares tokenizados.
El fenómeno confirma una tendencia mayor: las stablecoins se consolidan como la infraestructura de pago del ecosistema, y las tarjetas son el puente que las lleva al mundo físico.
Conviene, eso sí, mantener la perspectiva. Por más vertiginoso que sea el crecimiento, 759 millones al mes siguen siendo una gota frente a los billones de dólares que procesan las redes tradicionales cada mes. Y hay un matiz de método: no todos los datos se miden igual -el de RedotPay, el mayor programa, es reportado por el propio emisor y no observado en la blockchain-, lo que introduce cierta heterogeneidad en las cifras.
Aun así, la dirección es inequívoca. Visa prevé duplicar durante 2026 la cantidad de programas de tarjetas cripto que admite. Lo que nació como un experimento para entusiastas se está convirtiendo, poco a poco, en una forma más de pagar.
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