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USDT no puede hacerlo todo: por qué Latinoamérica podría necesitar stablecoins en pesos y reales

source-logo  criptotendencia.com 21 Agosto 2026 13:33, UTC
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Hay una divisoria silenciosa en la forma en que Latinoamérica maneja su dinero: se ahorra en una moneda y se vive en otra. El excedente busca el dólar, mientras el sueldo, el alquiler, los impuestos y la nómina de una empresa siguen corriendo en pesos, reales o guaraníes.

Sobre esa grieta se apoya una pregunta que recorrió los paneles de stablecoins y pagos de LATAM Digital Assets Conf 2026, y que parece más ingenua de lo que resulta: si USDT y USDC ya llevaron el dólar a la blockchain, ¿qué le queda por resolver a una stablecoin en pesos o en reales?

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Lo que el dólar digital no puede ser

La respuesta arranca reconociéndole al dólar digital lo que hizo bien. En economías golpeadas por la inflación y el cepo, una stablecoin en dólares es un refugio difícil de superar: preserva valor, cruza fronteras sin pedir permiso y abre una liquidez global que ninguna moneda local iguala. Los panelistas ni lo discutieron; lo tomaron como piso.

El dólar tokenizado ganó el problema del ahorro y el de la transferencia internacional. El malentendido empieza cuando se pretende que gane también todo el resto.

Porque el dinero, la mayor parte del tiempo, no se guarda: se cobra, se gasta, se debe. Uno de los participantes estimó que cerca del 99% de las operaciones de una persona, y más del 90% de las de una pyme, se saldan en moneda local, un orden de magnitud que describe algo palpable: el ahorro se dolariza, la vida cotidiana no.

En ese terreno, usar dólares donde no corresponden deja de ser una ventaja y se vuelve un riesgo. Un panelista del mercado brasileño lo ilustró con una empresa de crédito que factura, se financia y cobra siempre en reales.

Cuando esa empresa quiere tokenizar su producto y ofrecerlo on-chain, se encuentra con que la infraestructura disponible está denominada en dólares. Y ahí aparece el problema: un negocio que nunca dependió del tipo de cambio pasa a depender de él. Si el real sube o baja, sus números también, aunque nada de eso tenga que ver con prestar dinero.

La stablecoin local no entra ahí a competirle al dólar. Entra a devolverle a esa empresa la moneda en la que su negocio siempre respiró.

Dólares para guardar, pesos para trabajar

El caso más elegante de la jornada mostró a las dos monedas, lejos de estorbarse, apoyándose. Una empresa con ahorros en dólares que necesita pesos para operar tiene hoy una única salida obvia, que es vender los dólares.

Uno de los panelistas propuso otra: usarlos como garantía para tomar un préstamo en moneda local, de modo que la compañía conserva su posición en dólares y consigue igual el capital de trabajo que buscaba.

Es una posibilidad planteada en el panel, no una práctica corriente, y no promete tasa ni rendimiento alguno. Pero deja ver la forma que empieza a tomar el sistema, con el dólar como reserva y la moneda local como herramienta de trabajo, ambas sobre los mismos rieles.

La misma lógica se aplica a los activos del mundo real. Si se tokeniza un crédito o una deuda latinoamericana cuyos pagos entran en pesos o en reales, pero después se obliga a que todo lo que hay alrededor funcione en dólares, se resuelve una parte del problema y se crea otra nueva.

El límite no es la tecnología

Crear una stablecoin es fácil; lograr que sirva, no. Emitir una moneda digital en pesos o en reales es un trámite técnico sencillo, pero para que la gente pueda usarla de verdad tiene que existir un mercado donde comprarla y venderla en cualquier momento y a buen precio. Eso exige liquidez, es decir, suficiente dinero en juego, y actores dispuestos a ofrecer siempre un precio de compra y de venta, además de canales para entrar y salir hacia el dinero tradicional. Sin todo eso, una stablecoin local puede existir y no servirle a nadie.

Julián Colombo lo dijo sin adornos en la mesa de pagos transfronterizos: no hay capital infinito para sostener un buen precio en decenas de monedas a la vez, así que el mercado terminará premiando a unos pocos pares y dejando marchitar al resto. Ese, y no la tecnología, es el cuello de botella.

Por eso la promesa más vistosa -cambiar reales por pesos de forma directa, sin escala en el dólar- es plausible en el papel y, al mismo tiempo, rehén de que exista mercado suficiente para darle profundidad.

Tampoco es «Latinoamérica» un solo país monetario. La Argentina piensa en dólares hasta para lo que no lo necesita; Brasil vive cómodo en reales. Una stablecoin local resuelve cosas distintas a cada lado de esa frontera, y su valor cambia según dónde aterrice.

Queda, al final, un cambio de perspectiva. Durante años, tokenizar dinero significó casi siempre subir dólares a una cadena. Lo que empieza a discutirse ahora es más incómodo y más interesante: llevar a esa misma infraestructura las monedas en las que la región de verdad trabaja, cobra y se endeuda. No está garantizado que ocurra, pero es la pregunta que Latinoamérica se empezó a hacer en voz alta.

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