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Decidió utilizar la peor forma de guardar su contraseña y perdió millones en criptomonedas

source-logo  ambito.com 17 h
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En seguridad digital existe una regla simple, la 3-2-1, para que una copia no dependa de un solo dispositivo. En el mundo de las criptomonedas, ignorarla puede salir carísimo: una frase semilla perdida, un archivo borrado o una contraseña mal guardada alcanza para dejar millones fuera de tu alcance.

Eso fue lo que aprendió, a la fuerza, un usuario que empezó “para probar” y terminó atrapado por su propio descuido. Apostó a un método rápido, cómodo y tentador, una imagen guardada en la compu y, cuando quiso volver a entrar, ya era tarde: su acceso desapareció con una simple limpieza del escritorio.

Millones perdidos por dejar la contraseña en una captura de pantalla

El caso lo contó un argentino que vivía en Málaga cuando compró Bitcoin por primera vez. En enero de 2014 gastó 50 euros para adquirir 0,1 bitcoin y abrió un monedero en Multibit. El sistema le generó una lista larguísima de palabras al azar como contraseña, sin lógica fácil de memorizar.

En lugar de guardarla con un método sólido, hizo lo que mucha gente hace cuando está apurada: una captura de pantalla. La dejó en el escritorio y siguió con su vida, hasta que esa imagen se perdió y con ella se fue también su manera de recuperar el monedero. Con el tiempo, cambió de computadora y la búsqueda se volvió un laberinto.

Lo “peor” de la captura no es solo que se borre: también es lo fácil que se filtra. Puede quedar en sincronizaciones automáticas, backups desordenados o carpetas compartidas, y es un caramelo para malware. En criptomonedas, donde nadie te “resetea” el acceso, la única salida es tomarte en serio la copia de seguridad y elegir un guardado que no dependa de un solo archivo.

Diferentes causas, mismo final

Este problema no se limita a una mala decisión. Otros traders probaron carteras y servicios y terminaron sin rastrear sus códigos; otro perdió todo por un disco duro que falló sin respaldo; y también existieron derrumbes de plataformas, como el caso de Mt. Gox con Mark Karpelès, que arrastró a víctimas a esperar novedades de BTC-e y del FBI.

Distintas historias, misma moraleja: sin orden y sin método, una fortuna digital se puede esfumar sin que nadie la pueda traer de vuelta.

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