En el último mes, el oro cayó 7% y llegó brevemente a cotizar por debajo de USD $4.000 la onza. Bitcoin, en cambio, se sostuvo alrededor de USD $80.000. Esa resistencia relativa es uno de los elementos que Rahman observa al considerar una posible mejor actuación de los criptoactivos; no equivale, sin embargo, a una señal de que Bitcoin haya dejado de reaccionar a las condiciones financieras.
El contraste resulta relevante porque Bitcoin y el oro suelen compararse como activos que algunos inversionistas utilizan para diversificar sus carteras, aunque sus precios responden a factores distintos. En esta ocasión, la fortaleza relativa de $BTC no vino acompañada de un avance equivalente del metal: el oro perdió valor mientras Bitcoin se mantuvo cerca del nivel señalado por el análisis. La diferencia describe el periodo reciente, pero por sí sola no demuestra que el mercado haya adoptado una preferencia permanente por las criptomonedas.
La posibilidad de que Bitcoin supere a ambos mercados sigue siendo una proyección atribuida a Rahman, no un resultado confirmado. Su argumento combina el desempeño comparativo observado con la pauta estacional que, según el analista, tiende a favorecer a los activos de riesgo en noviembre y diciembre. Para los lectores, conviene separar esas dos piezas: los precios describen datos pasados, mientras que la expectativa sobre los próximos meses depende de que las condiciones del mercado acompañen.
Las correlaciones dibujan un panorama distinto
La correlación de 90 días entre Bitcoin y el oro llegó a 54%, según las cifras de Block Scholes. La correlación mide hasta qué punto dos activos han tendido a moverse en la misma dirección durante un periodo determinado, pero no indica que uno cause los cambios del otro. En este caso, su aumento convive con una diferencia visible en el rendimiento mensual reciente de ambos activos.
Al mismo tiempo, la relación de Bitcoin con las acciones estadounidenses se debilitó. Su correlación con el Nasdaq-100 bajó de 59% en febrero a 33%, cerca de un mínimo de un año, mientras la correlación con el índice de fortaleza del dólar llegó a su nivel más negativo desde comienzos de 2023. En conjunto, esas métricas sugieren que $BTC se ha movido con menos sincronía con algunos referentes financieros tradicionales, aunque no permiten anticipar por sí solas el siguiente movimiento del precio.
El cambio en las correlaciones comenzó en junio y se aceleró en agosto, de acuerdo con Rahman, después del anuncio de una intensificación del programa de recompra de bonos del Tesoro de Estados Unidos. La secuencia temporal ofrece un contexto para entender por qué el analista vincula los cambios del mercado con ese episodio. Aun así, que dos acontecimientos coincidan no basta para concluir que el programa de recompra haya causado por sí mismo la variación en las relaciones entre activos.
La semana posterior al anuncio del Tesoro, Bitcoin registró su mayor ganancia semanal desde marzo de 2024, mientras el oro subió 5%. El avance simultáneo de ambos activos muestra que el repunte de esa semana no fue exclusivo de $BTC, pese a que el análisis destaca una posible ventaja cripto en los meses siguientes. Esa distinción importa: un episodio semanal ofrece una referencia puntual, mientras que la tesis de Rahman se apoya también en correlaciones calculadas durante ventanas más largas.
La estacionalidad también viene acompañada de volatilidad
Rahman señaló que noviembre y diciembre son dos de los meses más alcistas estacionalmente para los activos de riesgo y vinculó esa pauta con la proximidad de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos. “A medida que nos acercamos a las elecciones de medio mandato en EE. UU. y a dos de los meses más alcistas estacionalmente para los activos de riesgo, noviembre y diciembre, podríamos esperar ver otra ronda de sobreperformance de los activos cripto”, dijo el analista. Su formulación plantea una posibilidad, no una certeza sobre el desempeño futuro.
La volatilidad es una parte central de esa comparación. Durante las últimas 90 sesiones de negociación, los movimientos diarios del precio de Bitcoin fueron 1,7 veces mayores que los del oro. Esa amplitud puede potenciar las subidas cuando el mercado avanza a favor de $BTC, pero también implica oscilaciones más pronunciadas; por eso, la expectativa de una posible ventaja no debería confundirse con un perfil de riesgo equivalente al del metal.
Los promedios diarios del periodo ofrecen otro matiz: en las jornadas en que el oro subió, Bitcoin avanzó en promedio 1,1%, frente al aumento de 1% del metal. Cuando el oro cayó, Bitcoin retrocedió en promedio 0,5%, mientras el oro perdió 1,1%. Esas cifras describen cómo se comportaron ambos activos en los días clasificados según el movimiento del oro, y no establecen que $BTC necesariamente vaya a repetir el mismo patrón en futuras sesiones.
La lectura de Rahman reúne, por tanto, tres elementos diferentes: la resistencia reciente de Bitcoin frente al retroceso del oro, una menor correlación con el Nasdaq-100 y la posibilidad de que la estacionalidad favorezca a los activos de riesgo. Ninguno elimina la incertidumbre ni convierte la proyección en una garantía de rendimiento. Los datos citados muestran una divergencia y movimientos diarios más amplios para $BTC, mientras que la tesis de una nueva sobreperformance cripto queda condicionada a lo que ocurra en los mercados durante el cierre del año.
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