- Jamie Dimon calificó el mercado alcista de «pequeño tsunami» en un acto del Consejo de Relaciones Exteriores celebrado el 21 de junio.
- Mencionó los 700 000 millones de dólares en inversión en inteligencia artificial, una tasa de desempleo del 4,3 % y un crecimiento del PIB del 2 % como factores de apoyo a corto plazo.
- Dimon señaló las tensiones entre Ucrania, Irán, Rusia y China como riesgos a largo plazo que no se tienen suficientemente en cuenta.
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Una advertencia envuelta en una metáfora
En su intervención en un acto del Consejo de Relaciones Exteriores el 21 de junio, Dimon utilizó una imagen muy gráfica para describir el impulso del mercado, y añadió: «Estamos en un mercado alcista. Es como un pequeño tsunami. Cuando ocurre algo así, es muy difícil detenerlo».
La metáfora no pasó desapercibida para nadie, dado que un tsunami puede parecer inofensivo desde la orilla hasta que deja de serlo, y el mensaje de Dimon era que las fuerzas que impulsan los mercados pueden ser igual de difíciles de revertir una vez que cobran impulso. El director de JPMorgan se situó en lo que él denominó el bando más cauteloso, a pesar de que los índices de Wall Street han alcanzado nuevos máximos.
Dimon tiene un largo historial de moderar el optimismo del mercado, y sus últimas declaraciones siguen esa línea. A principios de este año, aconsejó a los inversores optimistas que «respiraran hondo y estuvieran atentos», y sus comentarios sobre el «pequeño tsunami» prolongan esa postura cautelosa hasta la segunda mitad del año.
Lo que más llamó la atención de Dimon fue la complacencia de los inversores ante las crecientes tensiones geopolíticas. «Me sorprende porque creo que están Ucrania, Irán, el petróleo, Rusia y nuestra relación con China», afirmó, enumerando los riesgos que, en su opinión, los mercados están subestimando.
Dicho esto, no descartó por completo el escenario alcista, reconociendo los potentes factores de apoyo a corto plazo, entre los que se incluyen unos 700 000 millones de dólares en inversión en inteligencia artificial, una tasa de desempleo cercana al 4,3 % y un crecimiento del producto interior bruto (PIB) de alrededor del 2 %. Sin embargo, lanzó una advertencia:
«Los ciclos cambian inevitablemente. Me preocupa bastante. Pueden determinar el rumbo de la economía, pero quizá no sea hasta dentro de un año o de unos cuantos años».
La combinación de conflictos sin resolver, un elevado gasto en IA que aún no ha demostrado su rentabilidad y unos consumidores que dependen de las ayudas fiscales, en su opinión, hace que se subestime el riesgo a la baja.
El trasfondo del bitcoin
En lo que respecta a los mercados de criptomonedas, la cautela macroeconómica de Dimon resulta notable, dada su complicada historia con esta clase de activos. El director de JPMorgan ha calificado el bitcoin de «fraude» y de «esquema Ponzi descentralizado», y ha afirmado que nunca lo poseería personalmente. Sin embargo, su banco ha tomado el camino contrario, ya que JPMorgan confirmó el año pasado que permitiríaa sus clientes comprar bitcoins, cediendo a la demanda de los clientes a pesar de que su director ejecutivo sigue mostrándose escéptico.
Esa tensión es relevante porque las advertencias sobre la fragilidad de los mercados tradicionales suelen alimentar el discurso a favor del bitcoin. Sus defensores argumentan que la inestabilidad geopolítica y las valoraciones bursátiles excesivas refuerzan los argumentos a favor de una reserva de valor no soberana. Dimon, como era de esperar, no comparte ese argumento.
El propio bitcoin se ha visto sometido a la presión de otra fuerza, cotizando en torno a los 64 000 dólares, ya que las expectativas de una subida de los tipos de interés de la Reserva Federal han seguido lastrando los activos de riesgo. Si la advertencia de Dimon resulta profética y vuelve la volatilidad, tanto las acciones como las criptomonedas podrían resentirse.