El Bitcoin Policy Institute (BPI), uno de los grupos de especialistas bitcoiners más influyentes en Washington, intensificó su presión sobre la Reserva Federal (FED) para modificar las normativas que rigen el balance de los bancos comerciales.
Sam Lyman, jefe de investigación de la organización, asistió a una reunión clave con el organismo regulador para discutir las directrices de ponderación de riesgos de Basilea III, denunciando que el marco normativo actual impone un peso de riesgo del 1.250% a bitcoin (BTC), tratándolo efectivamente como un «residuo radiactivo» dentro del sistema financiero tradicional.
Esta clasificación técnica, identificada bajo el estándar prudencial SCO60 del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, sitúa a la principal moneda digital en el Grupo 2b. Según el análisis del BPI, este es el nivel más punitivo de todo el marco de capital global.
En términos prácticos, una ponderación del 1.250% obliga a las instituciones financieras a respaldar cada dólar invertido en bitcoin con un dólar de capital propio, una proporción de 1:1 que anula cualquier incentivo económico para que los bancos custodien el activo o presten servicios a empresas del sector.
Lyman señaló una profunda inconsistencia conceptual entre la retórica de la FED y sus reglas operativas. El directivo recordó que el presidente del banco central estadounidense, Jerome Powell, ha comparado anteriormente a la moneda digital con el oro, calificándolo como un activo virtual y digital.
«Estamos de acuerdo. Pero esto plantea una pregunta importante: ¿no debería el oro digital recibir un tratamiento similar al del oro físico en el balance de un banco?», cuestionó Lyman.
Lo anterior, considerando que, mientras bitcoin enfrenta una barrera de capital extrema, el oro físico goza de una ponderación de riesgo del 0%, una disparidad que el BPI considera un juicio normativo y no una evaluación objetiva del riesgo.
Las consecuencias de este enfoque, calificado como «retrógrado» por Lyman, son tangibles para la economía estadounidense. Él cree que, al no poder gestionar el activo de manera eficiente, los bancos suelen aconsejar a las firmas que poseen la moneda digital que trasladen sus operaciones a otras jurisdicciones.
Este fenómeno está provocando una «deslocalización de la innovación» que contradice el objetivo declarado de la administración de Donald Trump de transformar a Estados Unidos en una «superpotencia de Bitcoin», de acuerdo con Lyman.
La visión de Lyman no es individual. Conner Brown, quien es el jefe de estrategia del BPI, aseguró a finales de febrero que estas normativas actúan como una barrera invisible pero letal para la adopción institucional, como lo ha reportado CriptoNoticias.
Brown, como Lyman, aseguró que la clasificación actual no responde a criterios técnicos, sino que es un mecanismo diseñado para torpedear la integración de la moneda digital mediante el lenguaje de la regulación prudencial.
La visita a las oficinas de la Reserva Federal en Washington D.C. marca el inicio de una campaña educativa del BPI para normalizar el tratamiento bancario de bitcoin, buscando que el «oro digital» reciba un trato equitativo que permita a los bancos gestionar el riesgo sin cerrar sus puertas a la nueva economía digital.
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