Bitcoin (BTC) nos dio una semana cargada de emociones. Por momentos, el precio de la moneda digital pareció estar a punto de iniciar un nuevo rally alcista y, por otros momentos, las alarmas del criptoinvierno volvieron a sonar.
Al momento de esta publicación, como puede verse en la Calculadora de Precios de CriptoNoticias, el precio de bitcoin es 70.590 en los principales exchanges.
El siguiente gráfico, provisto por CoinGecko, muestra cómo se ha movido bitcoin durante los últimos 7 días.
El mercado tuvo razones de sobra para moverse hacia arriba y hacia abajo. Lo que faltó fue una señal lo suficientemente contundente como para romper el balance y determinar una tendencia clara y sostenida.
El lunes 16 de marzo de 2026 CriptoNoticias reportaba una divergencia entre el precio del oro (que estaba bajando) y el de bitcoin (que estaba subiendo). La divergencia generó entusiasmo: distintos analistas señalaron que podría estar gestándose una rotación de capital desde el metal precioso hacia la moneda digital. Michaël van de Poppe habló de una «divergencia alcista» que ponía la tendencia «claramente a favor de bitcoin».
A eso se sumaba una demanda institucional renovada. Según datos de Glassnode, las entradas netas en los ETF de bitcoin al contado en Estados Unidos alcanzaron los 581,8 millones de dólares en la semana del 9 al 13 de marzo. Seis jornadas consecutivas de flujos positivos. El capital institucional estaba comprando.
El martes 17, bitcoin superaba los 75.000 dólares y las altcoins lo seguían. El sentimiento del mercado era optimista.
Pero las señales de alerta ya estaban ahí. Ese mismo martes, el analista Willy Woo hacía una advertencia que no pasó desapercibida: el rally podría ser una trampa alcista.
Según Woo, el impulso estaba siendo motorizado principalmente por compradores de corto plazo y el mercado de futuros, actores volátiles cuyo costo base se situaba en torno a los 80.000 dólares. Sin una base sólida de holders de largo plazo, cualquier catalizador bajista podía provocar una reversión brusca.
Los datos on-chain respaldaban la cautela. Glassnode reportó que las direcciones activas en la red Bitcoin cayeron por debajo de su límite histórico inferior. Un precio que sube sin que la actividad on-chain lo acompañe es, históricamente, una señal de fragilidad.
La macroeconomía golpeó a bitcoin
El 18 de marzo trajo tres noticias de peso. Primero, el Índice de Precios al Productor subyacente (IPP core) de febrero en Estados Unidos salió en 3,9% interanual, superando el 3,7% esperado por el consenso, según encuestas. La inflación mayorista se aceleraba. Bitcoin cayó un 1,8% en pocas horas.
Después, la Reserva Federal (FED) anunció lo esperado: tasa de interés sin cambios en 3,75%. Bitcoin no mostró grandes movimientos inicialmente, pues el mercado ya descontaba que eso ocurriría.
Pero fue el discurso de Jerome Powell el que definió el resto de la semana. El presidente de la FED reconoció que «en términos netos, no progresamos» en la lucha contra la inflación, y dejó un mensaje sin ambigüedades: «Si no vemos ese progreso, entonces no verán el recorte de tasas».
Con la inflación subyacente del PCE en 3,0% —un punto por encima del objetivo— y los efectos de los aranceles a importaciones todavía por digerirse, la perspectiva de tasas altas se extendió en el horizonte. El mercado lo procesó como lo que era: malas noticias para los activos considerados «de riesgo» (y, aunque los bitcoiners no estemos de acuerdo, el mercado en general suele clasificar a bitcoin dentro de esta categoría).
El jueves 19, bitcoin amanecía cerca de los 70.000 dólares, unos 5.000 dólares por debajo del máximo semanal. La caída coincidía con otro dato macro perturbador: el petróleo Brent alcanzó los 119 dólares por barril, niveles no vistos desde 2022, impulsado por el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz.
Mayor precio del petróleo implica más inflación (por aumento de costos de producción, transporte, etcétera); más inflación implica menos chances de recorte de tasas; menos chances de recorte implica menos liquidez para activos como bitcoin.
Sin embargo, la caída encontró soporte. Bitcoin no se desplomó, sino que se estabilizó. Y en ese equilibrio termina la semana: con un mercado que tiene razones para subir —demanda institucional, posible rotación desde el oro, claridad regulatoria para las altcoins— y razones para bajar —inflación persistente, tasas altas, baja actividad on-chain, guerra en Medio Oriente que encarece la energía.
¿Qué se viene para bitcoin?
No es fácil responder con certeza la pregunta que encabeza esta conclusión. Pero, puede suponerse que las novedades con relación al conflicto bélico en Medio Oriente influirán mucho en el precio de bitcoin.
El panorama para la semana que comienza no luce más tranquilo. La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán escala sin señales de desaceleración: este jueves, Israel lanzó nuevos ataques sobre Teherán mientras Irán respondía con misiles sobre territorio israelí.
Lo más preocupante para los mercados es la dimensión energética: según datos reportados por Reuters, Irán atacó Ras Laffan, la ciudad industrial de Qatar que procesa aproximadamente un quinto del gas natural licuado mundial, causando daños que podrían llevar entre tres y cinco años reparar.
Arabia Saudita también vio atacado su principal puerto sobre el Mar Rojo, la vía alternativa que había activado tras el cierre del Estrecho de Ormuz.
El Brent ya tocó los 119 dólares por barril esta semana y la presión inflacionaria que genera este escenario complica aún más cualquier giro de la FED hacia una política monetaria más laxa.
Si la energía sigue cara, la inflación no cede; si la inflación no cede, Powell —o quien lo suceda en mayo— no recorta tasas; y si las tasas no bajan, bitcoin tiene menos viento de cola.
Hay una variable que podría jugar a favor: el mercado anticipa que Kevin Warsh, nominado por Trump para reemplazar a Powell, tendrá un perfil más expansivo. Pero eso es una apuesta a mediano plazo. En el corto, el bitcoin equilibrista sigue en la cuerda floja.
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