El panorama monetario global cambió, y los políticos y banqueros del mundo se dieron cuenta demasiado tarde. Durante años subestimaron la revolución paradigmática que traía Bitcoin y todo lo que se deriva de esta tecnología, como las stablecoins. Y aunque pueda parecer demasiado tarde, quizás en el veneno esté el antídoto.
Wells Fargo acaba de registrar la marca WFUSD. El gigante bancario tradicional, uno de los bancos de mayor capitalización del mundo, el mismo que hace una década miraba las criptomonedas con desprecio, ahora corre a lanzar su propia stablecoin anclada al dólar. Y lo hace amparado por la ley Genius —firmada por Donald Trump en julio de 2025— esa ley que abrió las compuertas para que decenas de instituciones financieras del país quisieran emitir su versión privada del dólar digital.
Mientras los bancos centrales del planeta publican informes alarmistas de 300 páginas, Wall Street imprime dólares digitales con aprobación federal. El juego cambió. Y los políticos del mundo se dieron cuenta demasiado tarde.
Durante la administración Biden, después de las sanciones a Rusia por la invasión a Ucrania, el mundo vivió un empujón real hacia la desdolarización. Los BRICS hablaban de una moneda común, China aceleraba el yuan digital, Arabia Saudita coqueteaba con el petroyuan.
El consenso global era claro: el sistema financiero dominado por Estados Unidos amenazaba la libertad de comercio, así que la respuesta “moderna” en la era de las criptomonedas era crear CBDC para controlarlo todo desde el Estado.
Estados Unidos dio la respuesta más cínica y efectiva posible: “¿Para qué queremos una CBDC si ya tenemos las stablecoins?”. En lugar de pelear contra el privado, lo reguló. La ley Genius domesticó las stablecoins. Requirió reservas 100 % respaldadas, divulgación mensual y prioridad absoluta para los ahorristas en caso de quiebra.
De un día para otro, Tether, Circle, JPMorgan, Ripple, Fidelity, Paxos y ahora Wells Fargo, entre otros, se convirtieron en los nuevos custodios del imperio del dólar. Empresas privadas emitiendo la reserva de valor global, con una posibilidad de censura y congelamiento de direcciones más rápida que la SWIFT.
El comercio mundial ya está migrando a estos rieles. El volumen anual de stablecoins superó los 33 billones de dólares en 2025. Remesas, pagos internacionales, comercio entre empresas: todo se mueve más barato, más rápido y sin bancos corresponsales osificados. El petrodólar ya no depende de un acuerdo entre gobiernos. Ahora depende de $USDT, USDC y demás dólares digitales.
Los países se alarmaron. Y su respuesta en las últimas semanas ha sido… publicar informes. El Banco Central Europeo acaba de sacar un paper advirtiendo que las stablecoins en dólares erosionan la soberanía monetaria, succionan depósitos de los bancos y debilitan la transmisión de la política monetaria.
El Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI/FATF) insta a que los gobiernos implementen su “Recomendación 15”, la cual contempla que las autoridades consideren obligar a los emisores de stablecoins a integrar capacidades técnicas para congelar, retirar o incluso «quemar» criptomonedas en el mercado secundario.
El BIS lleva años repitiendo lo mismo: riesgo de estabilidad financiera, pérdida de control. En otras palabras, “se nos está escapando el control”. Pero en lugar de competir, amenazan con regularlas con todas sus fuerzas.
Sí, en el pasado han intentado otras medidas. En Europa, probablemente el más estricto, ha impuesto trabas contra las stablecoins ancladas al dólar a través de su ley MiCA y cree erroneamente que llegar tarde con un euro digital que no responde a ninguna necesidad ciudadana detendrá el avance de las stablecoins.
Es natural su preocupación, en tanto que Europa es la región con mayores transacciones en stablecoins, acaparando el 35% del volumen global, y cuando el 99,74% de las transacciones globales son stablecoins ancladas al dólar estadounidense, y el euro apenas tiene un 0,23%. En otras palabras, a pesar de MiCA y la propuesta de euro digital, el dólar sigue dominando en el mercado europeo.
Las medidas de Europa han sido similares, aunque quizás no tan estrictas, como las de China, quienes prohíben stablecoins desde el 2021 y han sido pioneros de CBDC con su yuan digital. Siendo Asia la tercera región con mayor volumen de transacciones en stablecoins, países como Singapur, Japón, Corea del Sur y Hong Kong también han acelerado su proceso regulatorio, exigiendo condiciones estrictas para las stablecoins ancladas al dólar y tratando de fomentar el uso de stablecoins ancladas a sus monedas locales.
Rusia, a través de la compañía de Kirguistán A7 pero con colaboración del banco estatal Promsvyazbank, lanzó su stablecoin anclada al rublo para evadir sanciones, aunque fue prohibida en Europa. Con todo, al igual que Venezuela (quien también tuvo su stablecoin anclada al petróleo) e Irán, no tienen mayores conflictos éticos a la hora de usar $USDT. Pero también Bitcoin. Otros países, como Bolivia, se sinceran y adoptan stablecoins a nivel estatal porque soluciona los problemas de su moneda nacional.
Estos últimos casos ponen de relieve que, cuando existe la necesidad, incluso los países con diferencias ideológicas acudirán a las herramientas que mejor les ayuden. La gente y los gobernantes prefieren stablecoins porque, gracias a los rieles creados por la tecnología Bitcoin, proveen velocidad de liquidación transfronteriza y acceso fácil a cualquiera, sin las trabas y comisiones de los bancos corresponsales o de Western Union. La gente lo elige porque sigue siendo mejor que el sistema heredado.
Entonces, ¿qué pueden hacer los demás países? Pueden copiar a Europa con MiCA y poner trabas a las stablecoins ancladas al dólar. Pueden ir más allá como China y prohibir por completo el uso de stablecoins que no estén ancladas a su moneda nacional, sabiendo que siempre podrán ser usadas en wallets de autocustodia. Pueden gritar “soberanía” hasta quedarse roncos.
Pero la historia ya lo demostró: cuando la gente puede elegir, elige el dinero que le resulta más eficiente. Ley de Thiers en acción. Los vacíos legales, el P2P, las remesas, el comercio internacional… todo encontrará la vía, como siempre lo ha hecho.
Y aquí entra Bitcoin. Porque las stablecoins ancladas al dólar resuelven los problemas de velocidad, acceso, alcance y costos del sistema bancario, manteniendo la unidad de cuenta predilecta en el imaginario colectivo. Pero heredan todos los vicios de la Fed: inflación crónica, emisión descontrolada de deuda, ciclos de auge y caída. No arreglan nada estructural. Solo hacen más eficiente el imperio.
Bitcoin, en cambio, es el único activo cuya oferta nadie puede manipular. El único que no depende de la confianza en un emisor privado ni en un banco central. El único que, a medida que madura y su precio se estabiliza, se convierte en el dinero neutral que el mundo necesita.
Los bancos centrales y políticos tiemblan porque se dieron cuenta de que ignoraron la revolución monetaria durante 15 años. Creyeron que podían controlarla con CBDC o prohibiciones. Ahora ven que el dólar digital está ganando la batalla, pero no gracias a ellos, sino a empresas privadas que usan la tecnología que ellos quisieron matar.
Pero todavía tienen oportunidad. La estrategia defensiva —prohibir, regular hasta asfixiar, escribir informes— ha fracasado siempre ante innovaciones inevitables. La estrategia proactiva, entonces, tiene más sentido: adoptar Bitcoin como reserva estratégica, ahorrar en $BTC en los balances soberanos, educar a la población, crear marcos legales claros para su uso como dinero. Por esto suele decirse que El Salvador vive en el futuro, y por eso Estados Unidos ha decidido seguir sus pasos.
Bitcoin no ha parado de crecer en los últimos años. Ya no es el proyecto de nicho que usaban pocos tecnófilos. A pesar del crecimiento de las stablecoins, Bitcoin sigue manteniendo más del 50% de dominio del mercado, mientras que todas las stablecoins apenas llegan a 10%. En otras palabras, Bitcoin sigue siendo cinco veces más grande que las stablecoins.
Cada vez mayor porcentaje del suministro se encuentra en manos de gobiernos, compañías públicas y privadas, ETF y demás fondos, evidenciando el apetito institucional por hacerse con una cuota de su suministro inelástico.
Pero su crecimiento no se limita exclusivamente a su uso como reserva sino también como método de pago. Esto se muestra en los datos de la Lightning Network, que marca récords de capacidad por canal, y se proyecta que actualmente procesa más de diez mil millones de dólares en $BTC al año. Y conforme avanza la tecnología, es probable que Lightning absorba también ese volumen que se mueve en las stablecoins.
Los países que adopten Bitcoin hoy estarán un paso adelante cuando la bitcoinización se acelere y consolide por Ley de Thiers. Porque el buen dinero desplaza al malo cuando la gente puede elegir. Y el dólar —incluso vestido de stablecoin privado— sigue siendo dinero inflacionario. Bitcoin no.
Tiemblen o actúen, la revolución monetaria ya pasó. Es decisión de cada país si avanzar hacia el futuro o quedarse rezagados.
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