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El Bitcoin en modo espera: Cuando el capital se estaciona y el mercado exige paciencia

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Con el foco en el Bitcoin, mi lectura es clara: no estamos frente a un quiebre de fundamentos, sino ante una fase de transición típica de los ciclos financieros. El mercado no está premiando el riesgo; está esperando.

Desde octubre de 2025, el Bitcoin acumula una caída cercana al 42%, un retroceso relevante incluso para un activo acostumbrado a la volatilidad. Sin embargo, poner ese movimiento en contexto es clave. Históricamente, el Bitcoin ha atravesado correcciones del orden del 70% dentro de ciclos alcistas más amplios. La diferencia hoy es que el ecosistema ya no es el mismo: la entrada institucional, la mayor profundidad de mercado y la adopción vía vehículos regulados deberían actuar como amortiguadores, reduciendo la probabilidad de caídas tan extremas como en el pasado.

Lo que domina actualmente es la gestión del riesgo. En episodios de mayor incertidumbre, el capital no rota de forma ordenada entre activos; primero se retira. Eso es exactamente lo que estamos viendo. La liquidez se mantiene al margen de muchos activos de inversión y se estaciona en renta fija de muy corto plazo, particularmente en bonos de uno y dos años, priorizando seguridad y visibilidad. Es dinero que no busca retorno, sino tiempo.

En ese contexto, el Bitcoin todavía no logra captar flujos defensivos. No porque su tesis haya cambiado, sino porque el mercado aún lo percibe como parte del universo de activos de riesgo. La secuencia suele repetirse: primero sale el capital de activos volátiles, luego se refugia en instrumentos seguros y, solo cuando baja la percepción de riesgo, comienza la transición —lenta— hacia activos con mayor potencial. Ese proceso puede tomar meses, no semanas.

Desde el punto de vista técnico, hay zonas que no pueden ignorarse. El área cercana a los 74 mil dólares se ha convertido en un nivel de soporte relevante. Es una zona clave para la inversión de largo plazo, no porque garantice un piso definitivo, sino porque empieza a ofrecer una asimetría atractiva entre riesgo y retorno. Que sea una zona importante no significa que no pueda romperse; los mercados no funcionan con certezas. Pero sí implica que, a estos niveles, el posicionamiento estratégico comienza a tener sentido para horizontes amplios.

A esto se suma un fundamento central que no ha cambiado: la escasez programada del Bitcoin. La oferta es conocida, finita y predecible, una característica que gana valor precisamente en entornos donde la liquidez se administra con cautela y la incertidumbre macro sigue presente. Con mayor participación institucional, es razonable esperar que los ciclos sigan siendo volátiles, pero menos violentos que en el pasado.

Mi opinión es que estamos en un punto incómodo, pero no irrelevante. Incómodo porque el mercado exige paciencia y porque el capital aún no está listo para asumir riesgo. Relevante porque los precios ya empiezan a reflejar gran parte de ese ajuste. Para el inversor de largo plazo, estos niveles son atractivos, aunque el efecto no sea inmediato. Y si la caída continúa, el enfoque debería ser el mismo: identificar nuevas zonas de valor y construir posiciones con criterio, no con urgencia.

El Bitcoin no está en crisis. Está, simplemente, esperando a que el capital deje de refugiarse y vuelva a moverse. Y cuando eso ocurra, como en otros ciclos, la transición no será repentina, pero sí significativa.

fxstreet.es