En octubre de 2016, Jeffrey Epstein envió un correo electrónico que hoy forma parte de un expediente oficial del Departamento de Justicia de Estados Unidos. El documento, identificado como EFTA00815445, incluye una frase que no pasó desapercibida: Epstein afirma haber hablado con «algunos de los fundadores de Bitcoin», a quienes describe como «muy entusiasmados» con una idea monetaria alternativa basada en principios de la sharia.
El archivo es auténtico y el correo es real; la frase, efectivamente, está escrita. Sin embargo, lo que no existe -y conviene subrayarlo- es una confirmación independiente de que ese contacto haya ocurrido, con quién fue ni qué relevancia tuvo en términos reales.
Lo que el documento prueba (y lo que no)
El contenido del correo muestra a Epstein explorando dos ideas: la creación de una moneda física regional y el desarrollo de una moneda digital inspirada en Bitcoin, adaptada a las finanzas islámicas. En ese contexto aparece la afirmación sobre supuestas conversaciones con «fundadores» del protocolo.
Hasta ahí, el documento prueba una cosa concreta: que Epstein decía haber hablado con personas a las que él mismo identifica como fundadores de Bitcoin.
No prueba:
- Que esas conversaciones hayan ocurrido.
- Que los interlocutores fueran figuras centrales del ecosistema.
- Que tuvieran vínculo alguno con Satoshi Nakamoto.
- Ni que esas charlas derivaran en acciones reales.
Esta distinción no es un tecnicismo: es el corazón del análisis.
- Cuando las ballenas concentran el poder, el mercado deja de ser neutral
El problema del término «fundadores»
Para 2016, Bitcoin ya no tenía «fundadores» activos en el sentido clásico. El protocolo estaba sostenido por desarrolladores, contribuidores y referentes públicos, pero sin una estructura fundacional formal ni liderazgo centralizado. El uso del término «founders» por parte de Epstein puede responder tanto a una simplificación conceptual como a una exageración deliberada.
Eso no invalida el documento, pero sí obliga a leerlo con cuidado.
El verdadero valor del correo
El interés del archivo no está en probar una relación secreta entre Epstein y los creadores de Bitcoin. Está en otra parte, más incómoda y reveladora: muestra que, ya en 2016, figuras vinculadas a las élites financieras y académicas veían a Bitcoin no como una curiosidad tecnológica, sino como infraestructura monetaria reutilizable.
Epstein no habla de Bitcoin como símbolo de rebeldía, descentralización o resistencia al sistema. Habla de Bitcoin como base técnica para construir nuevas monedas alineadas a marcos culturales, religiosos y geopolíticos específicos. Eso, por sí solo, dice mucho.
Documento oficial no es sinónimo de verdad absoluta
Uno de los errores más comunes en el análisis contemporáneo es confundir la existencia de un documento oficial con la validación automática de cada afirmación que contiene. Los expedientes judiciales registran comunicaciones, no garantizan su veracidad factual completa.
El correo de Epstein merece atención, pero también distancia crítica.
La pregunta correcta
Más que preguntarnos si Epstein conoció o no a los fundadores de Bitcoin, la pregunta más relevante es otra:
¿Por qué actores con acceso a redes de poder ya analizaban a Bitcoin como una herramienta estratégica global mientras el debate público aún lo trataba como una rareza marginal?
Ahí es donde el documento deja de ser una curiosidad y se convierte en una señal.
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