La industria cripto «está muriendo». La sentencia la pronunció Juan Carlos Reyes, presidente de la Comisión Nacional de Activos Digitales (CNAD) de El Salvador, durante su intervención en el Blockchain Summit Latam Chile 2026, en Santiago.
La frase, tan tajante como provocadora en boca del regulador de un país que convirtió a Bitcoin en moneda de curso legal, resume la filosofía con la que El Salvador construyó su marco normativo.
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El Napster de las finanzas
«Cripto es una industria que está muriendo», dijo textualmente. Enseguida matizó el sentido: no se trata de una muerte estéril, sino de una etapa de paso. La comparó con Napster y las primeras tecnologías de piratería musical, productos cuestionables en su origen que, sin embargo, incubaron las innovaciones que la industria formal terminó adoptando, como hoy son Netflix o iTunes.
En su lectura, lo cripto cumple esa misma función: un terreno especulativo que sirve para crear tecnologías que la banca tradicional acabará absorbiendo.
Esa idea se apoya en una distinción que Reyes considera clave y que, según él, casi nadie hace: Bitcoin, cripto y activos digitales no son lo mismo.
Bitcoin es, para el funcionario, la innovación fundacional, el primer mecanismo descentralizado para transferir valor de persona a persona. Los activos digitales son la categoría regulable, la que hereda las propiedades de la blockchain. Y lo cripto es lo que queda en el medio: el subyacente puramente especulativo.
Por qué El Salvador ni siquiera usa la palabra
De ahí que El Salvador evite incluso la palabra. «No usamos la palabra cripto, no creemos en el cripto», afirmó Reyes. La consecuencia es práctica: un proyecto cuyo valor descanse solo en la especulación no es bienvenido en el país, porque -sostuvo- no hay manera de supervisarlo. Esa vara explica una cifra que el propio regulador exhibe: El Salvador rechaza cerca del 80% de las compañías que solicitan operar bajo su legislación.
Reyes enmarcó su declaración en un movimiento más amplio. Mientras la especulación pierde fuerza, dijo, la tecnología que la industria cripto ayudó a madurar avanza hacia el centro del sistema financiero, y es la propia banca tradicional la que hoy más adopta la blockchain. Como contraste, recordó que solo Bitcoin capitaliza 1,3 billones de dólares, un mercado que, advirtió, ningún regulador puede seguir ignorando.
La provocación, en el fondo, encierra una tesis: lo que muere no es la tecnología, sino la especulación que la vio nacer.
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