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Europa ya no debate si regular las cripto: está construyendo el sistema financiero del futuro

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Hubo un tiempo en que un proveedor de servicios cripto en Europa no conseguía siquiera abrir una cuenta corriente para pagar las facturas de su propia operación. Ese detalle, casi doméstico, resume mejor que cualquier estadística el punto de partida del que partió Francisco del Olmo, subdirector de Fintech y Ciberseguridad de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) de España, en su intervención en el Blockchain Summit Latam Chile 2026, celebrado en Santiago.

El continente que «gusta de regular» ya no discute si los activos digitales deben tener reglas. Discute, con MiCA en vigor y su segunda versión en gestación, cómo integrarlos dentro del sistema financiero que todos conocemos.

Francisco del Olmo en BSL 2026. Fuente: CriptoTendencia
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De la sospecha a la arquitectura

El giro es más profundo de lo que sugiere el titular regulatorio. Durante años, la industria vivió la etapa previa a MiCA como una zona gris: sin reglas comunes, sin acceso al circuito bancario y sin la certeza mínima que exige cualquier capital serio.

La aplicación plena del reglamento, efectiva desde principio de julio, cambió esa lógica. Un marco común no frena la innovación, la ordena. Otorga las mismas reglas para todos, habilita la competencia en igualdad de condiciones y, sobre todo, convierte a un sector antes marginal en un interlocutor legítimo para bancos y gestoras. La regulación, lejos de ser una carga, se volvió la condición de entrada.

MiCA no camina sola

El error sería leer MiCA como una pieza aislada, cuando es apenas una capa de una arquitectura mucho más ambiciosa. El reglamento define los activos, los proveedores y los tipos de emisión que reconoce, y deja fuera de forma deliberada lo que ya tiene dueño normativo: los instrumentos financieros, que siguen bajo MiFID, y los NFT, que quedaron al margen a la espera de MiCA 2.0, donde también asoma el préstamo cripto.

Por debajo corre DORA, el reglamento de resiliencia operativa digital que obliga por igual a un gran banco y a una fintech naciente. Y por encima, la CNMV ya ensaya en su sandbox regulatorio modelos de inteligencia artificial para el asesoramiento y la gestión de inversiones, capaces de adaptar una conversación al nivel de conocimiento financiero y al contexto cultural de cada usuario.

La inclusión financiera, quedó claro, no es patrimonio exclusivo de la blockchain: la IA empuja hacia el mismo objetivo.

Ese mapa incluye además piezas que todavía parecen lejanas y que Europa ya empieza a considerar. Los agentes autónomos que ejecutan estrategias de inversión por cuenta propia, con un impacto potencialmente enorme sobre el mercado. Y la amenaza cuántica, que obligará a migrar la criptografía actual hacia esquemas resistentes antes de que sea tarde. No son notas al pie, sino coordenadas de una misma hoja de ruta.

Stablecoins: el activo de doble naturaleza

Ningún componente ha tenido más impacto inmediato que las stablecoins, y ninguno expone mejor las costuras del sistema. Su particularidad, casi única entre los activos digitales, es esa doble naturaleza: son a la vez criptoactivo y dinero electrónico.

La dualidad las arrastra al perímetro de las entidades de pago, lo que obliga a casi todos los proveedores que las utilizan -es decir, a la enorme mayoría a asumir un marco regulatorio pensado para otra cosa.

Es una complicación reconocida, y una que MiCA 2.0 debería acotar: no tiene sentido exigir licencia de pagos a quien solo mueve stablecoins para operar. El mercado, mientras tanto, sigue dominado por el dólar, con las stablecoins en euros casi inexistentes, aunque el interés institucional crece y ya hay un consorcio de entidades financieras levantando una emisora en los Países Bajos.

Detrás de esa discusión asoma otra más silenciosa y decisiva: la clasificación. La frontera entre el instrumento financiero y el criptoactivo determina qué normativa aplica.

Antes, la tendencia -en Europa y también en la SEC estadounidense- era absorberlo casi todo bajo el paraguas de los valores. MiCA ofrece por fin una alternativa.

Para que una emisión cripto cuente como instrumento financiero, sus derechos económicos deben parecerse de verdad a los de una acción o un bono: dividendo, tipo de interés, participación real. La apuesta europea es que ese espacio se llene de emisiones ligadas a la financiación y la inversión reales, y no a la pura especulación.

La tokenización como paso lógico

Si hay un lugar donde toda esta arquitectura converge, es la tokenización. El pilar de los mercados de valores arranca del modelo clásico: una empresa se financia, un registro con anotaciones en cuenta certifica quién posee qué y un tercero de confianza supervisado sostiene todo el edificio.

La blockchain no derriba ese modelo, lo reescribe. Aparece una nueva figura, la entidad responsable de administrar el registro distribuido, que emplea tecnología similar a la de Bitcoin pero de forma centralizada y supervisada.

El régimen piloto DLT -ya implementado en España, Italia, Alemania y Francia- permite además infraestructuras que combinan negociación y liquidación en un solo movimiento: cuando una orden se ejecuta, el registro y la liquidación ocurren de forma atómica, sin los días de espera del sistema tradicional.

Incluso se abrió la puerta a que una persona física opere directamente en un mercado. Las primeras infraestructuras autorizadas llegaron con límites estrechos y criticados, que ahora se revisan al alza.

El caso que mejor ilustra hacia dónde va todo esto es el de Kraken y sus acciones tokenizadas, xStocks. El mecanismo es ingenioso: compra acciones estadounidenses en el NASDAQ, las deposita en un custodio autorizado en Europa y emite sobre ellas tokens que replican su valor.

Quien adquiere uno de esos tokens no posee la acción de Tesla, Apple o Microsoft -los derechos económicos quedan en la otra parte-, pero obtiene su exposición al precio, con negociación 24/7, transferencia directa y liquidez descentralizada. Cuando la compañía reparte dividendos, el saldo del token se ajusta al alza. Es acceso sin propiedad, con una contrapartida ineludible: el riesgo de custodia.

El verdadero objetivo

El cierre fue, en realidad, una declaración de intenciones: Europa está empezando a derribar las murallas que separaban sus compartimentos financieros.

Mover el mercado desde la liquidación en T+1 hacia la liquidación atómica es endiabladamente difícil, porque participan demasiados actores, pero la dirección ya no se discute.

La regulación europea dejó de perseguir un único fin, el de controlar el mercado de las criptomonedas. Su objetivo es otro, mucho más grande: crear las bases jurídicas y tecnológicas de la próxima generación del sistema financiero, un territorio donde convivirán, bajo un mismo marco, blockchain, tokenización, stablecoins e inteligencia artificial.

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