Kevin Warsh, nominado por el presidente Donald Trump para convertirse en próximo titular de la Reserva Federal de Estados Unidos, compareció ante el Comité Bancario del Senado en una audiencia cargada de tensión política y definiciones económicas.
Durante más de dos horas de exposición, el exfuncionario evitó confirmar si comparte la postura de Trump sobre una baja urgente de tasas de interés, aunque dejó varias señales sobre cómo podría conducir el banco central más importante del mundo si obtiene la aprobación legislativa.
Tasas de interés: sin promesas a Trump
Uno de los principales focos estuvo puesto en la relación entre la Fed y la Casa Blanca. Trump viene reclamando recortes de tasas, al considerar que el costo del crédito sigue demasiado alto. Warsh aseguró que el mandatario nunca le pidió comprometer decisiones monetarias anticipadas.
“El presidente nunca me pidió predeterminar, comprometer, fijar o decidir ninguna tasa de interés en nuestras conversaciones, ni yo aceptaría hacerlo”, sostuvo durante la audiencia. La definición buscó enviar una señal de autonomía institucional, uno de los ejes más sensibles para los mercados financieros.
Choque político por la elección de 2020
La senadora demócrata Elizabeth Warren lo presionó para que reconociera explícitamente que Trump perdió la elección presidencial de 2020. Warsh evitó responder de forma directa y se limitó a señalar que el Congreso certificó aquel resultado años atrás. También insistió en que debe mantenerse a la política fuera de la política monetaria y viceversa.
El candidato también anticipó una agenda de reformas internas dentro de la Reserva Federal. Entre los cambios posibles, dejó abierta la puerta a revisar la cantidad de reuniones de política monetaria, que actualmente son ocho por año. Recordó que la ley exige al menos cuatro encuentros anuales, aunque aclaró que ese número sería insuficiente.
Además, puso en duda si mantendría conferencias de prensa después de cada reunión, una práctica instalada por el actual presidente de la Fed, Jerome Powell desde 2018. “Buscar la verdad es más importante que la repetición”, señaló al ser consultado sobre la frecuencia de la comunicación oficial.

Warsh habló ante el Senado y habló sobre la nueva gestión de la Fed
Nueva forma de medir la inflación
Warsh afirmó que una de sus prioridades sería mejorar las métricas utilizadas para seguir la inflación subyacente. Explicó que impulsaría un “proyecto de datos” junto al sector público y privado para detectar mejor la tendencia real de precios, utilizando indicadores que excluyan movimientos extremos.
La referencia apunta a metodologías como el “trimmed mean”, una herramienta usada por algunos bancos regionales de la Fed que elimina valores atípicos para captar el núcleo inflacionario.
Otro de los ejes relevantes fue el impacto económico de la inteligencia artificial. Funcionarios de la administración Trump sostienen que la mejora de productividad derivada de la IA ayudará a bajar la inflación y facilitará recortes de tasas. Warsh coincidió parcialmente, aunque advirtió que todavía hay incertidumbre sobre el efecto en el mercado laboral. “Estoy más confiado en que habrá mejoras en la producción que en saber cuándo esos efectos llegarán al empleo”, sostuvo. La frase muestra que, para una eventual conducción suya, la evolución del trabajo seguirá siendo central al momento de definir tasas.
Los mercados siguieron de cerca la audiencia porque una eventual llegada de Warsh a la Fed podría modificar el sesgo actual de política monetaria. Su perfil es visto como más proclive a reformas institucionales y con mayor cercanía política a Trump, aunque durante la audiencia buscó mostrarse prudente y autónomo.
Para los inversores, el mensaje principal fue que no prometió una baja automática de tasas, pero sí dejó abierta la puerta a una Fed distinta en comunicación, funcionamiento interno y lectura de la inflación.