El panorama económico venezolano enfrenta una nueva etapa en su dinámica cambiaria, marcando un punto de inflexión en la adopción de criptomonedas.
La semana pasada el gobierno venezolano notificó a un grupo de bancos locales sobre la asignación de 300 millones de dólares, provenientes de ingresos petroleros, depositados en una cuenta en Catar.
Ese monto, que forma parte de un acuerdo mayor con la administración de Donald Trump en Estados Unidos, será vendido a empresas locales para el pago de insumos. También será asignado a personas naturales mediante intervenciones cambiarias en los bancos del país, según informó la mandataria encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez.
«Esos primeros flujos serán utilizados y empleados a través del mercado cambiario en Venezuela, de la banca nacional y del BCV, justamente para consolidar y estabilizar el mercado, y proteger el ingreso y el poder adquisitivo», dijo Rodríguez.
Lo anterior es relevante para la economía venezolana. Esto debido a que, tras meses de escasez de divisas, la inyección marca el regreso de los petrodólares venezolanos al sistema cambiario, que, hasta el año pasado, llegó a estar parcialmente controlado por los activos digitales.
«Las criptomonedas dejarán de ser el centro del sistema»
Para Luis Vicente León, economista y analista venezolano, la nueva realidad del mercado cambiario sugiere que el suministro directo de divisas formales reducirá significativamente la presión cambiaria.
A su modo de ver, esto podría desplazar el rol protagónico que han tenido los activos digitales en la economía venezolana en los últimos meses.
León, quien dirige la firma de análisis socioeconómico Datanálisis, sostiene que el efectivo y las criptomonedas «dejarán de ser el centro del sistema» cambiario venezolano. Esto, en la medida en que el flujo desde el sector petrolero permita eliminar distorsiones y brechas de precios que antes hacían indispensables a estos activos para la operatividad diaria.
«No habrá oferta extraordinaria nueva vía criptoactivos. Las operaciones que alimentaban ese canal, sobre todo las asociadas al petróleo en el mercado informal, también se frenan», expresó.
Para el analista, si bien puede haber una disminución en el uso de activos digitales, por parte de actores oficiales, empresariales o de usuarios en general, indica que «eso no significa que el mercado cripto desaparezca. Sigue teniendo las mismas funciones que lo han hecho exitoso a nivel global: comodidad, rapidez, costos bajos y privacidad».
Otra de las voces que argumentan que la inyección de divisas en Venezuela frenará el ecosistema de criptomonedas es Luis Oliveros, también economista venezolano.
Él apuntó que, debido a los actuales acuerdos petroleros, «todo parece indicar que el mundo cripto perderá fuerza en Venezuela». A su juicio, esta nueva dinámica disminuirá la oferta de activos digitales generada anteriormente por Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA).
Hay que tomar en cuenta que la estatal venezolana debía recurrir a la liquidación de crudo mediante stablecoins, como USD Tether (USDT). Esto, como una forma de aliviar las restricciones financieras internacionales. De allí que, en 2025, hubiera un auge marcado de USDT en el país caribeño.
En ese sentido, Oliveros, quien es el decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Metropolitana (Unimet), afirmó que el gobierno venezolano dejará de ser el «principal promotor» de las criptomonedas en la nación venezolana y, en consecuencia, su oferta en la economía va a disminuir «considerablemente».
Las criptomonedas seguirán siendo un «instrumento relevante» en Venezuela
En contraste con León y Oliveros, el economista y consultor empresarial Asdrúbal Oliveros ofrece una visión donde la convivencia es la clave.
Él coincide en que las ventas de divisas por parte del Estado venezolano dejarán de realizarse mediante dólares en efectivo y criptomonedas, y que pasarán a realizarse mediante transferencias bancarias tradicionales o dólares virtuales
No obstante, el especialista afirma que las criptomonedas «seguirán siendo un instrumento relevante» en el país. Especialmente, dijo, para el sector privado.
Esto es debido a que, en su opinión, hay «una parte significativa» de las operaciones de cobertura por parte de los actores privados de la economía venezolana que continúa realizándose mediante estos mecanismos criptográficos.
Oliveros también destaca que el mercado no oficial del dólar estadounidense en Venezuela, que se ha estado rigiendo por la cotización de USDT en los últimos seis meses, no va a desaperecer. «Por el contrario, seguirá activo y con peso en la formación de expectativas cambiarias», dijo. «Al menos durante un tiempo adicional», añadió.
En consonancia con Oliveros está Daniel Arráez, economista e inversionista venezolano. Él cuestiona la narrativa de que el ecosistema de criptomonedas vaya a enfriarse en Venezuela producto del regreso de los dólares por la vía tradicional.
Según el bitcoiner venezolano, atribuirle al Estado la promoción de uso de las monedas digitales es un error de análisis.
«Es ignorar los avances tecnológicos para el envío y recepción de remesas, o el uso de instrumentos financieros que permiten participar en una economía global», recalcó el analista, como reportó CriptoNoticias.
Entonces, ¿perderán fuerza las criptomonedas en Venezuela?
En este escenario, la respuesta a la pregunta sobre si las criptomonedas perderán fuerza en Venezuela debido a la inyección de divisas, es negativa.
Sucede que, al tiempo en que el Estado venezolano canaliza los ingresos petroleros a través del BCV y la banca privada, con el objetivo de estabilizar el tipo de cambio, la realidad es una sola: los activos digitales, como BTC y USDT, continúan ofreciendo una vía de escape.
Por lo anterior, está claro que Venezuela no está abandonando las criptomonedas por los petrodólares bancarizados. Más bien, parece estar evolucionando hacia una economía dual. Es que, efectivamente, las divisas de la actividad petrolera servirán para la operatividad del sistema. Pero BTC y las stablecoins permanecerán como el refugio de quienes ya no confían su patrimonio a un ente centralizado o a la volatilidad de la geopolítica.
El ecosistema de Bitcoin ya no es una rueda de auxilio ante la crisis, sino la infraestructura sobre la cual se construye la resiliencia venezolana. Tal como lo señala Luis Vicente León, la economía es como un río que siempre termina encontrando su cauce. Y en el caso venezolano, dicho cauce parece estar pavimentado tanto por petrodólares bancarizados, así como por las alternativas disruptivas surgidas de la tecnología de Bitcoin.
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