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«El euro digital gesta el mayor control financiero jamás creado», dice analista

source-logo  criptonoticias.com 26 Marzo 2025 14:47, UTC

En plena tormenta económica, con una inflación desbocada y una deuda pública que supera el 90% del PIB en la eurozona —un récord que asfixia a países como Italia o España—, el Banco Central Europeo (BCE) acelera el desarrollo del euro digital. Esta moneda digital de banco central (CBDC), presentada como un escudo de «soberanía monetaria», es para el economista español Marc Vidal «el mayor sistema de control financiero de la historia».

En un análisis publicado el 18 de marzo en su canal de YouTube, Vidal desmonta las promesas oficiales y advierte: «No hay demanda ciudadana, solo una necesidad institucional oculta».

Vidal señala que, en un contexto de deuda insostenible y planes de rearme militar europeo que exigen billones de dólares, el euro digital habilitaría políticas que son imposibles de lograr en la actualidad con el efectivo. Estas son: tipos de interés negativos sobre los ahorros, dinero con fecha de caducidad para forzar el gasto en recesiones o restricciones que limiten compras a sectores específicos.

«No digo que lo harán, pero técnicamente podrán», asegura, subrayando el riesgo para la libertad financiera. El BCE promete que replicará la privacidad del efectivo; pero Vidal lo debate al señalar que «el efectivo es anónimo, mientras que el euro digital dejará un rastro en cada transacción».

«Seguro que has visto esas advertencias de ‘fake news’ que inundan internet últimamente. Para mí, es una señal: el euro digital está calando como el mayor sistema de vigilancia financiera jamás creado».

Marc Vidal, economista español.

«Si el euro digital es tan bueno, ¿por qué el BCE restringirá la cantidad que puedes tener?», se pregunta Marc Vidal. Fuente: YouTube/Marc Vidal.

Las lecciones de las CBDC de otros países

Los precedentes globales refuerzan su alerta. En Nigeria, la eNaira, lanzada en 2021, apenas ha sido adoptada por el 0.5% de la población, reflejo de una resistencia a la centralización. En China, el yuan digital permite al gobierno vigilar y penalizar gastos «no deseados», como compras disidentes. En contraste, Donald Trump rechazó el dólar digital en EE. UU., marcando una brecha geopolítica que prioriza la autonomía individual. «En Europa, se vende como innovación, pero la verdad es que es una jaula dorada», sentencia Vidal.

El economista argumenta que, bajo la fachada de progreso, las CBDC podrían encerrar a los ciudadanos en un sistema en el que cada transacción es monitoreada y regulada, erosionando la autonomía financiera. Una vez implementadas, las promesas de eficiencia podrían dar paso a una pérdida irreversible de libertad económica, alineándose con los ejemplos de control observados en otros rincones del mundo.

«Uno de los aspectos más controvertidos del euro digital, discretamente mencionado en los documentos técnicos, pero no ausente de las campañas promocionales, es la imposición de límites de tenencia. El BCE planea limitar el euro digital a 3.000-8.000 euros por persona. Pero, si es tan bueno, ¿por qué limitarlo? La respuesta es incómoda. Es porque esas restricciones buscan prevenir fugas bancarias masivas protegiendo a los bancos comerciales, no a los ciudadanos. En la práctica, esos límites representan una forma de control financiero sin precedentes: por primera vez en la historia moderna, el estado podrá determinar cuánto dinero podemos mantener fuera del sistema».

Marc Vidal, economista español.

Si bien el BCE asegura que el euro digital es el arma de Europa para enfrentar a Trump, y defiende a la CBDC como un bastión de soberanía monetaria, Vidal ve en ello una trampa.

«Se invoca la soberanía colectiva para justificar una reducción de la libertad individual». Según él, este proyecto, presentado como un escudo protector, entrega en realidad un poder descomunal a quienes manejan el dinero, permitiéndoles moldear y restringir las posibilidades de acción social de los ciudadanos. La ironía, advierte, es que, en nombre de la autonomía continental, los europeos podrían perder el control sobre sus propias decisiones financieras.

De tal manera que Vidal va más allá y compara el euro digital con «un caballo de Troya»: una innovación envuelta en promesas de modernidad que, en su interior, oculta mecanismos de vigilancia. Y aunque su implementación parece cada vez más inevitable, el economista mantiene una nota de esperanza: «La batalla no está perdida. Exijamos transparencia antes de que decidan por nosotros».

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